De la Antología esencial
Mis tres tías
Padres y hermanos,
a su turno, murieron,
sin que nada cambiara.
Los sobrinos tuvieron hijos
que nos echaban los brazos al cuello.
La calle era la misma,
cuando las visitas se espaciaban.
Sobre el toldo echado,
volvían las nubes del pueblo.
Los gatos del jardín Botánico
Cada mañana, cuando paso
por la Facultad de Derecho, en
los Jardines,
hay dos o tres gatos
—no sé si son los mismos,
idéntico el desdén—. Uno sestea
en el muro; otro hace equilibrios,
como si no existiéramos. Así
debían mirar los Reyes en la Antigüedad,
entre las plantas encantadas.
Desde un tiempo inmemorial, insondables,
están allí. ¿Cuántos siglos llevan ya?
Pero nosotros pasamos deprisa. Tenemos mucho que hacer:
la escuela; el trabajo; y después, con suerte, la jubilación, y el fin.
Cuando el sol entre por las calles, en una o dos horas,
habremos desaparecido, como fantasmas.
Milagro de la poesía
Al fin soy yo. Me reconozco.
Milagro de la poesía.
En todo lo que no lleva mi nombre.
De la obra completa
Proyecto de vida
¿Mi proyecto de vida?
Perder peso.
Mejorar mi francés.
Dar la vuelta al mundo
en cuanto me jubile.
¿Y después? Nada.
Tomar las armas
por un rayo de sol.
El viajero
En el mismo autobús que me llevaba
a la facultad, y después al trabajo,
voy ahora igual de apretado que entonces;
como un pasquín o una hoja de periódico;
esperando mi ráfaga de aire.
Los restos del día
Yo iba deprisa. ¿Qué buscaba?
Un día me di cuenta
del silencio, la juventud.
Denso, celeste. La calle
dudó un momento si seguirme.
¿Adónde iba? ¿Qué buscaba?
Un poco de sol. El oro
transido, frío, entre los árboles
de una plaza, hacia la tarde.
Segundo anochecer
Ahonda el campo para que pueda oscurecer
pacientemente; y prepara la plaza para el beso.
Siento que se me acaba algo, algo único
que vi y toqué cuando era joven.
Un tiempo que ya no puede contenerme
entre sus fragantes empalizadas.
Tiempo
Tu problema fue no poder parar a tiempo.
Ahora todo va a ser arrancado de raíz.
Mira cómo has llegado hasta aquí. Respira hondo.
Todo va a ser arrancado y arrastrado, de raíz.
Deja los planes para cuando estés muerto.
Todo lo que fuiste son escombros de haber vivido.
Como el mar al otro lado de la calle.
Debería sentirme bien
Debería sentirme bien,
como el arbolito
que está solo en su solar,
con los días contados.
Y que una palabra,
una sola, por una vez,
dijera la verdad de mi vida.
La distancia
¡Cómo se vuelve pequeño todo
en la distancia! ¿La distancia
lo recoge? Cómo sube y cae
cada curva, en esa ternura
acogedora e inalcanzable.
Insomnio
Cuando otro día engañoso intenta abrirse paso,
recuerda la fina, invisible malla de la lluvia
que palpa las fachadas; los coches; las hojas;
de madrugada; en lo hondo; para hacernos sitio.
Un camino
Apurar hasta el final
todo, si se nos presenta.
Y vivir como si acabaran
de desenterrarnos. Y,
tras un poco de niebla,
se nos presentara un camino.